domingo, 13 de mayo de 2012

Before sunrise

El vuelo apenas iba por sus primeras seis tranquilas horas, lo que indicaba que todavía restaba toda la otra mitad del viaje.

Definitivamente ya no sabía en que posición ponerme.

Ya nos habían servido el almuerzo, había leido el diario de punta a punta, había dormido con bastante éxito un buen rato y hasta tuve oportunidad de hacer tres visitas al baño. Dentro de todo no estaba tan mal: a fin de cuentas ya había pasado casi la mitad del tiempo estimado para llegar a Madrid.

Cuando fue oficial que no sabía que más hacer, decidí sacar mi libro de emergencia y abstraerme de la realidad leyendo un par de horas. Leer en los viajes no es algo que me siente precisamente bien, pero como la película que estaban dando era malísima y mi prima dormía como una foca, no tuve más remedio.

Media hora después me di cuenta que por más que lo intentara no podía concentrarme. Había algo que me estaba molestando, que me estaba poniendo inquieta, y no tenía nada que ver con la duración del vuelo, ni con lo fea que me había parecido la comida, ni con lo incómoda que estaba en ese fucking asiento.

Lo que me estaba poniendo tan nerviosa, era el chico del asiento de al lado.

Ya había notado su presencia desde poco después del despegue en Buenos Aires. Al final tan solo el pasillo nos separaba, y la verdad es que era muy difícil no darse cuenta de que era un muchacho muy, muy atractivo. Sin embargo por algun inexplicable motivo me pareció bastante serio, o demasiado distante, asique asumí que era un antipático y decidí arbitrariamente evitar todo contacto visual con él.

El problema es que hacía por lo menos una hora que me había dado cuenta que ese chico no paraba de mirarme, sin intenciones de disimularlo. Y yo no me podía concentrar en mi lectura, porque cada vez que levantaba la vista de las páginas descubría que sus ojos estaban dirigidos hacia mi. Y me ponía nerviosa.

Intenté devolverle las miradas, cuidadosamente por supuesto. Crei que iba a hablarme, o a buscar algún tipo de contacto por lo menos, pero como pasado un rato no lo había hecho me enchufé los auriculares en señal de castigo y volvi a mi libro otra vez. Se ve que esa actitud lo molestó (de hecho, algún día me lo reconocería) porque automáticamente se puso mas serio, apagó la luz y se durmió por la hora y media que siguió.

Cuando volvió a despertarse todavía restaban casi cinco horas de vuelo. Las azafatas nos sirvieron un refrigerio y con eso me volvio a cambiar el ánimo. Miré disimuladamente al costado, y como una señal de tregua me saqué los auriculares.

El hizo lo mismo, y automáticamente cambió su expresión. Por la ventanilla se veía que aun era de noche, y que todavia faltaba un buen rato para el amanecer. "Todavía tenemos tiempo", pensé.

Finalmente una serie de acontecimientos confusos sin importancia (que incluyeron una azafata malhumorada y grosera, un pasajero borracho y un viejo charlatán) nos llevaron al primer contacto: la risa. La primera vez que escuché su voz, vi su sonrisa y sentí de lleno sus ojos puestos en los mios, supe que ese chico me encantaba.

No pude, les juro que no pude disimularlo.
Pero tampoco quise.

Como la persona que iba ocupando el lugar de la ventanilla se había cambiado de ubicación, me invitó a sentarme ahí con él. Yo ya me había percatado de ese detalle y esperaba esas palabras, por lo que no lo dudé y pasé del otro lado del pasillo. También me había percatado de otro detalle, que no era poca cosa: tenia acento gallego.

Durante las cuatro horas y media que pasaron hasta que llegamos a Madrid, tuvimos la que recordaré como la mejor conversación de mi vida. Yo estaba fascinada con él, y no tenía nada que ver con el hecho de que viviera en España, que hubiese viajado por todo el mundo o que fuera algunos años mayor que yo: sencillamente siempre había soñado con enamorarme de alguien asi. La forma en que pensaba, la forma en que hablaba, el modo en que me hacía sentir cuando me miraba o me rozaba la piel, todo en él era el fiel reflejo de la persona que siempre había fantaseado para estar a mi lado. Solo que jamás se me hubiera ocurrido que esa persona realmente pudiese llegar a existir.

"Que injusto conocer a alguien así y saber que no lo voy a volver a ver nunca más", pensé mientras aterrizábamos. Finalmente habíamos tocado tierra y había que volver a la realidad: yo tenía que tomar un avión para ir a otro sitio, el no vivía precisamente cerca de Madrid sino bien al norte de España y en quince días ya iba a estar de vuelta en Buenos Aires para pasar a ser un recuerdo ni siquiera recurrente.

Me acompañó unos diez minutos por el aeropuerto hasta que finalmente llegó el sitio en donde nos tocaba separarnos. Para ese entonces ya estaba totalmente desilusionada: no me había pedido mi teléfono, ni mi mail, ni siquiera el código de paloma mensajera. Todo había sido una fantasía transcurrida en mi cabeza, el chico no estaba interesado en mi y yo era una romántica de pronóstico irreversible.

Agarré mi bolso de mano y preparé el pasaporte de nuevo para pasar por el control, con ese inconfundible sabor amargo en la boca. Él se había quedado parado apenas a un metro, mientras revolvía algo en su maleta.

EL:
Vero, espera!

Me di vuelta y me dio, sonriendo, una tarjeta.

EL:
Aquí tienes todos mis datos, llámame o escríbeme si algun dia vienes por aquí!

Me dió dos besos, uno en cada mejilla, y se fue sonrriendo.

Lo primero en que pense mientras lo perdía de vista (y lo único que me repetí durante el resto del viaje) fue que tenía que volver a ver a ese chico: no sabía como, pero tenia que volver a verlo.

Cuando me di vuelta y vi las primeras luces del día, solo dos palabras salieron de mi boca:

"Me enamoré"

Desde ese momento supe que con esa única certeza podía mover al mundo entero. Eso, y que el amor a primera vista no es ningún mito. No pasa solamente en las películas: existe en la vida real, y te puede cambiar la vida en cualquier momento.




jueves, 10 de mayo de 2012

Haven´t met you yet

Diciembre, Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Ahi iba yo, empujando el carrito con mi valija súper excedida de peso, rumbo a tomarme un avión por primera vez en mi vida. En la mano derecha llevaba el pasaporte con olor a nuevo y las hojas en blanco, esperando por nuevos destinos por conocer.

Mi viejo iba al lado mio dándome un montón de indicaciones a las que por supusto no les presté ni atención (estaba demasiado nerviosa como para escucharlo). Mi mamá me llevaba el bolso de mano y los pasajes, todavía sin decidirse entre reir o llorar de emoción.

En definitiva, era la primera vez que iba a salir del país.

Era la primera vez que iba a salir a conocer el mundo.

Dos horas y media más tarde, después de haber pasado por las despedidas, las lágrimas y todos los controles de rigor, llamaron a los pasajeros del vuelo que tenía que tomar a dirigirse a la puerta de embarque correspondiente para comenzar a abordar el avión.

AZAFATA:
Señores pasajeros, por favor tengan los pasaportes y boletos en mano. Gracias!

Llegó mi turno de pasar.

No iba prestando atención al resto de la gente; mis ojos estaban clavados en el avión que estaba a punto de abordar y que me miraba desafiante desde afuera. Todo, absolutamente todo, estaba por venir.

Diez minutos después, estaba sentada en mi lugar.

A las dos y cuarto de la tarde despegamos con rumbo a Madrid.

Lo que no me imaginaba, lo que nunca hubiera podido sospechar, era que en ese mismo avión iba a conocer a la persona que me cambiaría la vida.


 

miércoles, 18 de abril de 2012

Si pudieras olvidar tu mente frente a mi...

Domingo.

Comida familiar.

Presentación.

Ahi estábamos él y yo, por primera vez entre los míos. Él, disfrutando y divirtiéndose como loco. Yo, sufriendo mis nervios como una condenada. Contenta a mi manera, se podría decir.

Cuando estabamos cerca de terminar el asado y pasando de a poco a la sobremesa (que en mi familia suele ser bastante extensa) mi prima vino y se nos sentó al lado. Luego de darnos un poco de charla y hacer un par de chistes, se puso de pie y comenzó a articular su característica voz de artista, señal de que iba a empezar con uno de sus típicos shows domingueros.

Y temblé, claro, porque sabía que de un momento a otro todos sus misiles iban a ir dirigidos a mi.

PRIMA:
Bueno PRIMOS, ¡yo la verdad que los veo super bien!

ÉL:
Pues la verdad que asi es, ¡yo estoy muy a gusto!

MEDIA VERÓNICA (colorada):
Si, vos estas chocho, ¡acá la que estoy sufriendo soy yo!

(Risas)

PRIMA:
En fin, voy a ir al grano, acá hay algo fundamental que me tienen que contestar. Ustedes que onda, ¿ya se pusieron de novios?

Se me cortó la respiración.

ÉL (sonriendo):
Pues no lo sé, aun no lo hemos hablado!

(Tierra tragame tierra tragame tierra tragame!!!)

ÉL:
Yo creo que si! No sé Vero, ¿tú que dices?

Y ahi nomás, se me trabó la mandíbula.

MEDIA VERÓNICA (temblando):
En principio, todavía no me lo preguntaste...

ÉL:
¿Te lo tengo que preguntar?

MEDIA VERÓNICA:
Me parece que deberías!

ÉL (sonriendo aún más):
Bueno, te lo estoy preguntando mujer!

Las risas, los apausos y el ruido de las copas no nos dejaron continuar. Él se reía (expectante) de lo colorada que me había puesto. Y yo no sabía que decir ni que hacer. Todos me gritaban: "¡Decile que si, decile que si!".

Pero no.

No dije más nada.

Quería que si empezábamos una relación más seria, fuera porque el realmente lo deseara, y estuviese realmente convencido, y no porque el clima familiar nos condujo a eso. Y el tema no se tocó más.

Hasta que una mañana varios días después, luego de despertamos juntos, comenzó a acariciarme y me dijo que tenía que confesarme algo. Que cuando ese domingo no le dije nada más, se dió cuenta por primera vez de que realmente quería que le dijera que sí. Que en un principio lo dijo por decir, si, por seguirle el juego a mi prima, pero que cuando se encontró esperando mi respuesta ansioso se dió cuenta de que no le daba lo mismo lo que pudiera contestarle. Y que lo pensara, que lo pensara todo el tiempo que necesitara, pero que antes que volviera a España le diera una respuesta.

Comencé a acariciarle el pelo, mientras los dos nos quedamos en silencio. Habrá pasado un minuto entero así, sin decirnos nada, hasta que lo besé y lo miré fijo a los ojos, tal vez como nunca lo había mirado desde que lo conocí.

Y lo vi de verdad.

No había nada que pensar.

VERÓNICA:
Bueno, espero que ahora le mandes un mensaje a mi prima y le cuentes que te dije que si!

Él se limitó a sonreir como nunca lo había visto, me abrazó muy muy fuerte y me llenó de besos. Lo que pasó después, bueno, se lo pueden imaginar. Me lo guardo para mi. Pero que la falta de detalles no los decepcione, porque una cosa es clara: esto no es un final. Tan solo, apenas, es el principio.

Y es lo mejor que me pudo pasar.

Verónica


domingo, 11 de marzo de 2012

Rolling in the deep.

Riiiiiinnnnngggg

MEDIA VERÓNICA:
Hola

ÉL:
Hola Vero!

MEDIA VERÓNICA:
Ah! Hola... Cómo estás?

ÉL:
¿Qué pasó que no me contestaste los mensajes, Preciosa? ¿Estás molesta conmigo?

MEDIA VERÓNICA:
No, está todo bien. Ya está...

ÉL:
Perdoname por lo de ayer. Ya te expliqué lo que pasó...

MEDIA VERÓNICA:
Te repito, está todo bien, ya fue. Hablemos de otra cosa.

ÉL:
¿Estuviste llorando?

MEDIA VERÓNICA:
No.

ÉL:
Sin embargo tu madre no dijo lo mismo.

MEDIA VERÓNICA:
Entonces si sabés que estuve llorando, ¿para qué me lo preguntás?

ÉL:
Porque quiero saber por qué llorabas, claramente!

MEDIA VERÓNICA:
Por nada.

ÉL:
No, no creo que no fuera por nada. Y si tuve algo de culpa en eso quisiera que me lo dijeras, no me voy a molestar contigo... por favor.

MEDIA VERÓNICA:
Nada, no pasa nada. Estoy sensible, sólo eso.

ÉL:
¿Sensible por lo de ayer? Perdoname Preciosa, no crei que fueras a tomártelo tan a pecho...

MEDIA VERÓNICA:
No entendés, no es sólo eso.

ÉL:
¿Entonces?

MEDIA VERÓNICA:
Es complicado. Son un montón de cosas que me tienen angustiada.

ÉL:
Pues dimelo! Me desespera esto de no saber que te pasa, Vero!

MEDIA VERÓNICA:
Vos sabés como soy yo. No tengo punto medio: o me involucro o no me involucro, y cuando lo hago lo hago con todo mi corazón. Y claramente con vos yo me involucré.

ÉL:
Lo sé...

MEDIA VERÓNICA:
Lo que tenés que entender es que la última vez que me involucré con alguien, no la pasé nada bien. Sufrí y sufrí MUCHO. Estuve días tirada en un sillón, sin poder parar de llorar, sin tener ganas de nada. Y cuando ayer actuaste de esa manera, me hiciste acordar muchísimo a esa persona. Fue como haber revivido una de las experiencias más dolorosas de mi vida...

ÉL:
Pero Vero, sabes que yo te adoro, y que jamás te haría una cosa así!

MEDIA VERÓNICA:
Él me decía lo mismo, y fijate. Pero no es solo eso, es... es todo.

ÉL:
¿Todo qué?

MEDIA VERÓNICA:
Es que faltan solo dos semanas para que vengas de España.

ÉL:
¿Y? ¿No era eso lo que más queríamos?

MEDIA VERÓNICA:
Sí! Claro que sí! Pero no lo entendés.

(Respiro hondo)

MEDIA VERÓNICA:
No fue solo que en mi última experiencia me hubieran ilusionado para luego dejarme de la más cruel de las maneras: hubo algo que me dolió muchísimo más que eso. Cuando yo me enamoré en esa oportunidad, creí que él era perfecto. Estaba totalmente encandilada por su presencia. Y yo siempre tenía que hacer unos esfuerzos terribles por estar a su altura, por lograr que me mirara en serio y viera en mi a una verdadera mujer. ¿Y sabés que ocurrió? En vez que quedarse conmigo, eligió a otra persona. A una chica mayor que yo, mas linda, seguramente más interesante, con carrera, que inclusive ya tenía su propio departamento y vivía sola. Imaginate lo peor que pensás sobre vos mismo, y que la persona que más te importa te lo heche en cara de la forma más dolorosa: eso fue lo que me hizo, dejar en evidencia que yo era poca cosa. Y ahora que falta tan poco para que estés acá no puedo dejar de pensar en eso! En que te vas a dar cuenta de todos mis defectos, que vas a ver todas mis miserias, que no voy a poder esconder las cosas que más me averguenzan de mi misma y de mi mundo. Y eso me paraliza, me da pánico la sola idea de que la historia se vuelva a repetir, ¿entendés?. 

Me da muchísimo miedo perderte. Pero sobre todas las cosas, me da muchísimo miedo que vos también creas que yo no soy lo suficientemente buena para vos.


lunes, 9 de enero de 2012

2012

Fecha de la última actualización del blog: 4 de diciembre de 2011.

Creo que nunca había pasado tanto tiempo sin escribir. Pero volvi. Siempre vuelvo.

Los exámenes finales y un largo viaje que me cambió la vida en todos los sentidos que la vida de alguien puede llegar a cambiar, fueron los motivos de mi ausencia. Pero valió la pena, de eso no tengo la menor duda.

Quedé a pocas materias de recibirme.

Recorrí lugares donde jamás hubiera soñado que llegaría a estar.

Me enamoré (con algo de suerte, quizás como nunca).

Y eso... eso es sólo el resumen.



domingo, 4 de diciembre de 2011

Come back.

Después de más de un mes y medio sin vernos, Rodrigo volvió a entrar en mi vida los primeros días de noviembre. Igual que la primera vez, llegaba de regreso sin avisar ni pedir permiso, cuando menos lo esperaba.

En ese tiempo lo habia intentado todo, absolutamente todo para intentar traerlo nuevamente hacia mi. Nada dió resultado. Supongo que a veces los tiempos de los demás no son los de uno, y que en determinadas circunstancias el único remedio es dejar pasar el tiempo para que las cosas decanten por su propio peso. Y así fue.

Fue un domingo a las 9.30 de la mañana cuando me despertó con un sms. Aquella noche había conocido a Martín y por primera vez en mucho tiempo casi que no había pensado en él. Pero Rodrigo siempre había tenido esa especial capacidad para sorprenderme, para agarrarme con la guardia baja, y seguía haciendo uso y abuso de ese poder. No pude aguantar las ganas y la necesidad de estar nuevamente cerca suyo, y cuando me levanté después del mediodía le contesté sin poder disimular mi ansiedad.

Aquel jueves a la noche finalmente nos volvimos a encontrar. Por un momento creí que me iba a dejar plantada porque llevaba casi una hora de demora, pero hacia las diez de la noche llego su sms salvador anunciando que ya estaba llegando. Me acomodé el vestido, me volví a peinar por decimonovena vez y salí a la vereda, atravesada por los nervios, la ansiedad, y el enjambre de mariposas que perforaban con sus alas afiladas todos los rincones de mi cuerpo.

Las luces doblaron en la esquina y el auto de Rodrigo freno en frente de mi casa. La puerta se abrió justo delante mio, y cuando volvi a tenerlo cara a cara me acorde por qué era que me gustaba tanto.

RODRIGO:
Me extrañaste?

MEDIA VERÓNICA:
La puta que te pario!

Rodrigo sonrió de oreja a oreja, me dio un beso que me sacudió toda la alineación planetaria y volvió a apretar el acelerador, una vez más.

Cuando frenamos en el primer semáforo, comenzó a deslizar una de sus manos por entre mis piernas. Cuando pasamos la esquina siguiente, ya se había dado cuenta que abajo de la pollera no tenía puesto más nada.

Solo me queda por decirles que todo lo que sentí el resto de aquella noche no lo había sentido con ningún otro hombre, jamás en mi vida. Si, definitivamente Rodrigo estaba de vuelta, y les aseguro que esta vez no pienso dejarlo ir así nomás.


jueves, 24 de noviembre de 2011